El precio del poder

¿Qué se necesita para ser capaz de realizar todos nuestros sueños? ¿Cuál es la clave del poder para construir y diseñar nuestra realidad?
Es indudable que ésa es una inquietud universal, más allá de gustos personales, y como todo dilema para el que no parece existir una respuesta absoluta, podemos ver diferentes respuestas según los paradigmas de vida existentes.
Especialmente en ésta época, la respuesta más obvia parece ser que la clave del poder está en poseer mucho dinero, al menos a juzgar por la enorme cantidad de esfuerzo que la gran mayoría de la gente hace para obtenerlo. En muchos casos incluso, al dinero se le atribuye no sólo el poder de manejar la realidad a nuestro antojo, sino incluso la responsabilidad de la supervivencia: la idea de que sin dinero uno puede morirse de hambre está muy difundida.
Pero si bien es indiscutible que el dinero significa poder, también es sencillo de observar que el poder que da el dinero, el llamado «poder adquisitivo» no es poder de crear la realidad, como lo pueden demostrar muchos casos de millonarios que confiesan no estar viviendo la realidad que quisieran.
Muchos poderes, entre los que se encuentra el llamado adquisitivo, tienen un precio, que puede ser diferente según el caso, pero que parece inevitable pagar.
¿Y si existiera un poder para disponer de fuerzas menos convencionales, menos reconocidas, capaces de generar circunstancias que suelen atribuírse al azar, para generar la realidad que deseamos? ¿Cuál sería el precio a pagar por ese poder?
Una curiosa teoría sostiene que una parte de nuestra mente, no consciente, está conectada con ese poder. Si es nuestro inconsciente el responsable de crear la realidad que experimentamos, no sería necesario creer en factores externos y todo nuestro trabajo consistiría en conectar con esa parte de nuestra mente.
La famosa frase de Carl Jung «Hasta que no hagas consciente el inconsciente, éste dirigirá tu vida, y tú lo llamarás destino» es inquietantemente reveladora, y nos puede acercar a deducir el «costo» de ese poder.
Seguramente todo lo que hagamos, mediante la disciplina o práctica que sea, por hacer consciente lo inconsciente, nos dará poder. Pero el precio a pagar quizás sea más que la práctica disciplinada. Quizás el precio más alto sea el aceptar que hemos sido los artífices de toda experiencia pasada, incluídas aquellas para las cuales tenemos historias muy elaboradas que nos permiten demostrar, con argumentos contundentes, que no somos los responsables de lo que hemos sufrido. El defender esos argumentos es una barrera infranqueable a la hora de conocer los aspectos inconscientes de nuestra mente. Y si fuera así, sería como estar aferrados a las cadenas que nos impiden liberar ese poder.

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