Pensar genuinamente

Si bien es cierto que podemos pensar lo que se nos antoje, no es menos cierto que una buena parte de la actividad mental no es voluntaria, sino que resulta de la gran cantidad de influencias que recibimos a diario. Podríamos incluso llegar a diferenciar entre los pensamientos inducidos y los que surgen de adentro sin influencia, que podríamos llamar nuestros pensamientos genuinos.
En un día normal de tu vida ¿cuántos pensamientos son genuinos y cuántos inducidos?
Esta era de hiperconectividad y exceso de información (que ahora llamamos «contenido») se caracteriza fundamentalmente por esa influencia externa, que está potenciada por la adicción a pantallas, y eso puebla la mente de estridentes pensamientos inducidos.
El pensar genuino se ha convertido en un suave susurro perdido en un caos frenético.
Cuando nuestro ritmo de vida es de un stress permanente, cuando nuestra rutina diaria no tiene momentos de quietud y aislamiento, comenzamos a desconectarnos de esos pensamientos que surgen de nuestro ser y a esa desconexión se le suele llamar estar alienado. Esto no es nuevo, pero es probable que en estos tiempos haya recrudecido.
A menos que nos tomemos en serio los momentos de quietud y aislamiento como la meditación, los paseos por lugares serenos sin teléfono, la lectura de textos filosóficos o espirituales, nuestro verdadero ser, ya de por sí esquivo, se mantendrá inaccesible.

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